miércoles, 19 de agosto de 2009

Amar al prójimo como a uno mismo


La conducta humana es algo que siempre crea reacciones entre los mismos humanos. Desde el momento que nos han dicho que todo se debe racionalizar y ver el porque de las cosas, es cuando inicia esta búsqueda de respuestas que cada vez crean más y más preguntas en lugar de respuestas.


Cuando nos dicen que amar al prójimo como a uno mismo, nos crea un conflicto interno, donde muchos apuestan a la respuesta de que el ser humano no puede amar de tal forma o que no es necesario, que es más importante el individuo sobre la colectividad. Todas estas respuestas están vistas desde un punto de vista egoísta y fuera de los parámetros de la verdad sobre el amor.


Para poder expresar mi punto sobre el amor al prójimo voy a utilizar lo que todos conocemos por el concepto de dios. Se dice que somos creación divina y que derivamos de un ser superior, a su imagen y semejanza; para aquellos creyentes el concepto de amar al prójimo como a uno mismo es el ver a ese dios en el prójimo, ese mismo que nos ha creado, por o tanto tiene mis mismas condiciones ante la vida, ya que él también fue creado a su imagen y semejanza, cuando logramos comprender la divinidad propia y de los otros, lograremos ver a ese dios en todos y en todo, con ello lograremos amarnos a nosotros mismos de una forma creciente y hermosa, ya que siendo dioses (si mi padre es rey, pues yo soy príncipe) nada nos será imposible, y ese amor propio se podrá trasmitir a los próximos ya que lograré ver en ellos al dios padre y a mi mismo.



Personalmente, y podría decir que es apropiado, esta visión anterior me parece muy romántica, atinada para aquellos con ideas de manipulación divina, pero para aquellos que han trascendido o ido mas profundo sería insuficiente. La verdad es que somos seres de luz, nos han intentado opacar para que otros brillen más y estos puedan dominarnos, pero todos somos luz, y con un lumen igual; lo importante es lograr quitar las tinieblas y la neblina de nuestra vista (física, intelectual, espiritual…) y poder ver la luz propia y la de los demás, cuando hayamos llegado a esto nos daremos cuenta que todos estamos hechos de luz, de una misma luz (esta no se puede dividir, y es de una sola intensidad, solo que algunos tienen una especie de sombra de lámpara) y que amándome, debo, por ende, amar a los demás que son la misma luz.